Síntoma- Subconsciente- Cuerpo
La mente humana se divide en una parte consciente, que consta el 12%, y otra subconsciente que se compone del 88% restante.
La primera nos conecta con la parte mas racional de nuestro ser. En ella se desarrolla la inteligencia, se activan los conocimientos adquiridos, el discernimiento y sirve para realizar las tareas y acciones de la vida diaria.
La segunda es donde quedan almacenados recuerdos, experiencias, creencias y momentos vividos a los que acceder no es sencillo, y sin embargo influyen en nuestro comportamiento dirigiendo la mayor parte de nuestra vidas sin que lo percibamos.
Saber que existen procesos internos que controlan nuestros actos, que tenemos pensamientos automático cuyo grado de consciencia es mínimo, es el primer paso para poder cambiar nuestra realidad.
La psicoterapia propone un método con diversas técnicas que ayudan a la ampliación de la consciencia iluminando el subconsciente.
Una potente vía de acceso a ese 88 % de nuestra mente es el cuerpo.
El trabajo con el cuerpo en la
psicoterapia es una magnifica puerta de acceso a nuestros estados emocionales y
memorias autobiográficas a un nivel profundo.
Las emociones se discriminan
con la mente, pero se alojan en el cuerpo. Toda vivencia tiene resonancia en
nuestro cuerpo. Es así que podemos sentir la alegría en el pecho, los nervios
en el estómago, la tristeza en los parpados, entre otros. Sin embargo, no
siempre tenemos la capacidad de dar cuenta conscientemente de nuestras
emociones, como suele suceder en situaciones traumáticas, quedando esa
información alojada en nuestro subconsciente.
Estas emociones difíciles o no
resueltas se manifiestan principalmente a través del cuerpo en forma de
tensión, bloqueos, posturas corporales, memorias sensoriales, dificultad en la
respiración, etc.
En psicoterapia podemos
trabajar con los síntomas físicos que la persona nos comunica de manera verbal
o no verbal para ir hacia el descubrimiento e integración de información
valiosa para su bienestar; o incluir técnicas corporales como forma de
indagación para ayudar a la persona a reconocer emociones profundas sin los
filtros del cerebro racional, sanando viejas heridas.
Por supuesto no es la única. Los sueños, los hechos artísticos, las visualizaciones, las hipnosis, entre otros, son recursos que pueden ser de muchísima utilidad si son aplicados por un profesional idóneo.

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