Pantallas, infancia y adolescencia: ¿qué estamos naturalizando sin darnos cuenta?
Las pantallas forman parte de nuestra vida cotidiana. Las usamos para trabajar, comunicarnos, informarnos, entretenernos y regularnos emocionalmente. También forman parte —cada vez más temprano— de la vida de niños y adolescentes.
Cuando el estímulo sustituye a la experiencia
Las pantallas ofrecen estímulos intensos, rápidos y altamente gratificantes. Captan la atención, reducen el aburrimiento y generan alivio inmediato. Esto también nos ocurre a los adultos.
En la infancia, la regulación emocional no es interna: se aprende en el cuerpo y en el vínculo. Se construye a través del movimiento, el juego libre, la mirada, la voz y la presencia de un adulto disponible.
Cuando la pantalla ocupa demasiado espacio, estas experiencias pueden quedar desplazadas
Algunas señales a observar
Sin hablar de diagnósticos ni alarmismos, muchas familias y docentes observan hoy:
dificultad para tolerar el aburrimiento,
mayor irritabilidad o frustración al apagar la pantalla,
problemas de atención,
uso de pantallas para calmarse,
menor juego espontáneo y movimiento corporal,
dificultades para estar a solas o en silencio.
No se trata de demonizar la tecnología, sino de preguntarnos qué función está cumpliendo.
Una invitación a la reflexión
Antes de preguntarnos cuánto tiempo de pantalla es adecuado para los niños, puede ser útil mirarnos primero como adultos:
¿Uso el móvil de forma automática?
¿Me cuesta estar sin estímulos digitales?
¿Qué emociones evito cuando miro la pantalla?
La relación que los niños construyen con la tecnología se apoya, en gran parte, en lo que observan.
Abrir este espacio de conciencia es el primer paso para acompañar de forma más saludable la digitalización en la infancia y la adolescencia.
Charla: Jueves 22/01/2026 19:30 hrs
Rua do Vilar 15, 1er Piso, 15705. Santiago de Compostela, Eapaña.

Comentarios
Publicar un comentario