¡Un Cuento de Emociones para Emocionarse!

Cinthia Gil Pol Diaz


Era un día de invierno. Estaban varias emociones reunidas deliberando sobre que hacer con  los problemas que día a día las asediaban. Luego de algunas horas de charla, discusión, enojos y acuerdos decidieron emprender un viaje. Al pensar quien podría guiar al grupo... todos estuvieron de acuerdo en elegir a la Ambivalencia, ya que por su carácter complaciente era apreciada por todos. Así, prepararon su equipaje y partieron por el único camino que encontraron frente a ellos sin saber que les depararía el destino.
            La armonía reinaba en el viaje, ya que todas estaban contentas con la decisión tomada.
Las emociones cantaban, bailaban, silbaban y se divertían contando chistes... la Alegría, despreocupada, animaba la caminata.
Y en este caminar… por desgracia…, o por fortuna…, se encontraron en su andar con la bifurcación del camino. Dos nuevas sendas se abrían frente a sus ojos. El Pánico irrumpió asustado; el Caos se alteró; la Ansiedad  no podía dejar de hablar de lo ansiosa que se puso;  la Confusión  caminaba en círculos mareándose y mareando a otros... como  a la Persecución, que no hacia otra cosa que seguirla; el Ahogo, con tanto alboroto, no podía casi respirar manteniendo sus manos en la garganta, el Miedo se paralizó; la Fuerza lo empujaba sin conseguir moverlo... toda esta situación caótica le generó nervios a la Intranquilidad , perplejidad a la Simpleza, rechazo a la Plenitud, que no quería ni mirar lo que pasaba… y la Calma… ¿Dónde estaba?
La Ambivalencia, asombrada, se sintió aterrorizada. Su mirada recorría aquel panorama sin poder decir palabra. La Incompletud, que se ubico a su lado, le hablaba de las faltas..., ninguno de los dos caminos le agradaban... en ambos, algo importante se ausentaba.
Los caminos eran muy dispares. Uno estaba asfaltado, muy iluminado y con señalizaciones a cada paso.... parecía seguro y predecible. El otro era adoquinado, la luz escaseaba... era casi oscuro... se necesitaba usar linternas, que por suerte... habían llevado; sin embargo no parecía un buen camino para tomar... era incierto  y por tal resultaba tenebroso...
A pesar de lo que veía, y de parecer la decisión simple, la  Ambivalencia dudaba.  Algo... de aquel camino incierto la incitaba a tomarlo... pero la seguridad que le confiaba el otro le impedía abandonarlo.
¿Qué camino tomar?
Se preguntaba una y otra vez encontrando “peros” en cada paso que daba. Cayó sentada frente a los caminos. La Fuerza corrió a levantarla. Le fue difícil pero sus intentos no fueron en vano... la Ambivalencia se había levantado.
Una vez de pie le pidió a la Fuerza, a la Simpleza y a la Plenitud que la ayudaran.
A la Fuerza le dijo que mantuviera a las emociones controladas en algún lugar al lado del camino intentando manejar el caos que dominaba la situación. La Simpleza y la Plenitud se quedarían a su lado buscando la mejor resolución al  “problema” que había detenido su marcha.
La Fuerza consiguió, luego de calmar a la Ansiedad y encaminar a la Confusión, que no entendía lo que se le pedía; ubicarlos a todos en un sector cerrado por árboles que allí se hallaba.  Este lugar no permitía mucho movimiento... por tal... comenzó a reinar la Calma, que regresaba de su exilio.
El silencio invadió el espacio ocasionando un gran vacío. 
La Ambivalencia sabía que contaban con ella para proseguir el camino, ya que ella era su guía. Sin embargo no se sentía capaz de guiar.
Conversó con la Simpleza y la Plenitud durante horas... la espera se hacia eterna. Finalmente, la Ambivalencia sintió la sensación de haber  llegado a una determinación. Era tiempo de ponerse nuevamente en movimiento.
La Plenitud llamó al resto del grupo para escuchar a la Ambivalencia. Esta, les comunico que había llegado a una decisión. Todos estaban atentos a su decir. Pronunció en voz alta, y lo más firme que pudo, estas palabras: “Tomaremos el camino adoquinado”. Muchas emociones protestaron, se asustaron y se negaban a aceptar la decisión... otras estaban de acuerdo y se alegraban por ella. El grupo se estaba dividiendo en dos…
Comenzaron a insultarse... y a los insultos siguieron los golpes y en poco tiempo se había desatado una gran batalla campal que no permitía vislumbrar un mejor porvenir.
La Fuerza tomó el control frente al llanto de la Ambivalencia. Le llevó un buen rato organizar medianamente a las emociones y ponerlas tras sus pasos. Luego se dispuso cumplir con la decisión que la Ambivalencia “había tomado”.  Encendieron sus linternas y emprendieron lentamente su camino. Cautelosos... medían cada paso que daban para asegurarse de pisar sobre suelo seguro. La señalización era escasa... por lo que debían estar atentos, las señales debían buscarse dentro de ellos. Iban despacio... observando todo a su alrededor, tratando de no dejar a un lado cualquier tipo de información por temor a sufrir algún infortunio. 
Esta experiencia dejó al descubierto la separación que padecía el grupo e hizo necesario remediarla,  ya que cada una de estas emociones era indispensable para lograr llegar a salvo al final del recorrido... a destino…


Los invito a jugar con sus emociones y ver que surge...
Cariños, Cinthia.

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